En un mundo cada vez más dominado por la tecnología y la información, los activos tradicionales ya no son los únicos protagonistas. La parte más significativa del valor de las empresas modernas reside en aquello que no puede tocarse ni pesarse, pero que impulsa de manera decisiva su competitividad y crecimiento. Este artículo revela bienes no materiales que generan valor y cómo transforman el panorama económico global.
Los activos intangibles son aquellos elementos no físicos que posee una organización y que le permiten obtener ventajas competitivas y beneficios en el futuro. A diferencia de la maquinaria o los edificios, su valor radica en la creatividad, el conocimiento y la reputación. Aunque suelen estar infrarrepresentados en los balances contables, representan el alma del negocio moderno.
Estos activos cumplen tres criterios fundamentales: son identificables, pueden ser controlados por la empresa y generan valor económico. Gracias a su peso creciente, constituyen la base de la generación de beneficios económicos futuros y definen el rumbo estratégico de las compañías que los dominan.
La evolución del valor empresarial ha sido vertiginosa. Durante las últimas décadas, hemos asistido a un giro dramático en la composición del patrimonio de las empresas. Mientras que en los años setenta los activos tangibles representaban casi el 80% del valor empresarial, hoy los intangibles alcanzan niveles cercanos al 90% en compañías de primer nivel.
Este cambio refleja la creciente importancia de elementos como la marca, el software y la reputación. Estudios de organismos como la OMPI y Brand Finance estiman que el valor global de los intangibles supera los 80 billones de dólares en 2024, una cifra que ha crecido de forma exponencial en los últimos 25 años.
A pesar del despliegue masivo de tecnologías de la información, muchos países avanzados han experimentado una paradoja de la productividad, donde el avance de la maquinaria y los sistemas no se traduce automáticamente en mayores rendimientos.
La clave radica en combinar la inversión en lo tangible con un sólido respaldo intangible. Sin procesos internos sólidos y estructuras flexibles, las máquinas y las redes no liberan su máximo potencial. De ahí que empresas líderes utilicen intensivamente elementos como la formación continua, la innovación interna y la marca para impulsar resultados.
Investigaciones de McKinsey, KPMG y CaixaBank confirman una fuerte correlación entre altos niveles de inversión en intangibles y crecimientos superiores de productividad y rentabilidad.
A nivel mundial, las economías más avanzadas lideran la apuesta por lo intangible. En Estados Unidos y Reino Unido, ya se invierte más en capital intangible que en tangible, impulsado por gigantes tecnológicos y multinacionales creativas. Sectores como la biotecnología, las industrias creativas, los servicios financieros y las empresas de alta tecnología concentran el mayor peso de estos activos.
En España, la inversión en intangibles ha crecido un 18% entre 1995 y 2004, mientras que la inversión tangible cayó un 24%. Sin embargo, nuestro país dedica alrededor del 6% del PIB a activos intangibles, lejos del 13,8% de Estados Unidos o los niveles del Reino Unido y Suecia.
Ese desfase se explica en parte porque el cálculo oficial del PIB solo incluye software y bases de datos, dejando fuera elementos tan decisivos como la cultura organizativa, la marca o la formación financiada por la empresa. Incorporar estos factores permitiría tener una visión más completa del valor real de nuestra economía.
Para cerrar la brecha, las empresas y los responsables de política económica deben:
De este modo, España podrá aprovechar todo el potencial de sus activos invisibles y situarse en la vanguardia de la economía global basada en el conocimiento.
En definitiva, comprender y potenciar lo intangible no es solo una tendencia, sino una necesidad estratégica. Las empresas que dominen estos recursos invisibles tendrán mayor resiliencia, capacidad de innovación y ventaja competitiva en un mercado cada vez más exigente y dinámico.
Referencias